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Terra
La Coctelera

Categoría: fantasía

Nuevos colaboradores (voluntarios)

Me apetecía hacer una presentación a los nuevos miembros del equipo AC, pero describir se me da mal. Al fin y al cabo una imagen vale más que mil palabras.

En orden de aparición:

- Lobo Feroz, en un combate de boxeo en su país antes de que tuviera que escapar perseguido por ciertos mafiosos. Algunos dicen que se negaba a participar en combates amañados. Su verdadero nombre es Wilson Wolf y actualmente trabaja de conserje en la urbanización de Amadecasa.

- unos esbirros de Parquer que vinieron a husmear a la urbanización. La imagen fue tomada por las cámaras de seguridad y Lobo Feroz se encargó de copiarla.

- Susana Cigarra, con traje de chaqueta, y Amy Goldie. Susana es la dueña de una pequeña gestoría ubicada enfrente del domicilio de AC. Casi siempre anda visitando clientes y "haciendo gestiones", así que Amy, su secretaria y amiga, pasa mucho tiempo sola en el local.

- Amadecasa, también llamada AC, ataviada con la gorra verde que se compró en la playa.

- Parker, una Sonnet roja que no es como las demás.

La reconciliación

"¿Qué pasa, Parker? ¿Todavía estás enfadado?" Amadecasa lleva más de diez minutos sujetando la pluma sobre el papel, esperando, pero parecía que Parker no quería comunicarse con ella. "Ya te echo de menos, ¿sabes?" AC empieza a hacer circulitos con la pluma para distraerse y entonces se da cuenta. La pluma no pinta. Insiste durante un rato pero nada. "No tienes tinta". Va a buscar su estuche donde guarda un cartucho de recambio y se lo pone.

- ¡Mira que eres burra! Ya era hora de que te dignases a darme tinta, que me tienes a palo seco.
- ¡Y yo qué sabía! Creía que no me hablabas porque seguías enfadado conmigo por no dejar que te marcharas.
- ¿Desde cuándo me hablas en masculino?- Parker parece complacido al decir esto,- antes me hablabas en femenino, decías que era deslenguada y mentirosa, por ejemplo. Sin embargo, ahora usas la "o" de enfadado.
- Sí, es que tuve un sueño...
- Pues te lo agradezco mucho, ya que efectivamente soy varón, como no podía ser de otra manera debido a mi anatomía física.

Parker parece relajado esa mañana. AC alberga esperanzas de que quizá pudieran mantener una conversación normal. Esta sensación le dura poco.

- Tú estás muy vaga últimamente, te pasas el día durmiendo, no haces nada, pensaba que te habías olvidado completamente de mí.

A AC casi se le saltan las lágrimas. No es eso, le dice, no soy una vaga, es que me encuentro mal, estoy embarazada, ¿sabes? y me parece muy injusto que haya algunas que puedan hacer de ministras, mientras yo a duras penas puedo cuidar de mí y de mi hijo, en este estado permanente de mareos y náuseas.
-¡Ah! Será por eso que estás tan guapa.
- ¿En serio?- AC no se puede creer que la pluma le dedique un cumplido.
- Sí, tienes un brillo especial en los ojos y más tetas que antes.
- Gracias, Parker.

Entonces AC le cuenta a la pluma masculina que ha recibido un mail muy extraño a través del blog. Era de un directivo de la famosa empresa Parquer, que quería concertar una cita por un asunto importante. Ella contestó que le era imposible desplazarse a Silicon Valley, donde están situadas las oficinas centrales de la compañía, y que además se sentía enferma. Sugirió contactar por teléfono, pidió información sobre el tema, pero no consiguió nada. La información era confidencial y sólo se trataría con ella en persona.
- A lo mejor han leído mis historias sobre ti, les ha hecho gracia y quieren patrocinar el blog.- sugiere AC sin mucha convicción.
- No. Vienen a por mí.

La gran evasión II

El desconcierto de Amadecasa se transforma primero en indignación y luego en rabia. "Parker se ha ido con el repartidor". Ahora no tiene tiempo de pensar los porqués, es el momento de la acción.

- Nene, vamos a salir.

AC y el niño salen disparados de casa. Bajan por el ascensor, corren hasta la garita del conserje, Electroalex pierde una zapatilla y a AC se le cae la goma del pelo.

- Wilson, ¿por dónde ha salido el del Chiper? Es muy urgente.
- Acaba de pasar por la puerta principal, ¿estáis bien?
- Por favor, cuídame a Electroalex un momento. Vuelvo enseguida.

Entonces Amadecasa esprinta hasta la puerta y sale de la urbanización. En la esquina las luces de la furgoneta del Chiper acaban de encenderse. AC la alcanza sofocada y con la melena revuelta justo antes de que el repartidor arranque y abre la portezuela del conductor.

- ¡Dame la pluma!- dice AC con mirada desafiante. El chico se sobresalta en su asiento.
- Perdón, ¿cómo dice?
- Tienes algo que me pertenece. Bájate de ahí y mira en los bolsillos de la chaqueta.

El chaval mira a AC con extrañeza, pero obedece. Sale de la furgoneta y ella, impaciente, saca la pluma de uno de sus bolsillos. Respira de alivio y sonríe mientras el repartidor balbucea mil excusas proclamándose inocente.

- No tengo ni la menor idea de cómo ha llegado eso a mi chaqueta. Por favor, no informe al gerente del supermercado, necesito este trabajo.
- Vale, no diré nada- AC sabe que el chico sólo es culpable de tener pinta sospechosa. - Pero al menos, devuélveme la propina.
- ¿Qué propina? Si no me ha dado nada...
- Yo no, pero supongo que alguien le habrá dado algo hoy, ¿no?
- ¿Va todo bien, Amadecasa?- Wilson se ha acercado junto a ellos con Electroalex de una mano y una porra en la otra. El conserje es un negrazo alto y tocho como un armario, que un día le dijo a AC "Ojalá te quedes atrapada en el ascensor para que yo pueda rescatarte."
- Todo bien, Wilson. Ya está todo arreglado. Gracias.

Una vez en casa, AC pone a Parker en la lata de cerveza con los BIC y el abrecartas.

- ¿Por qué has intentado fugarte con ése?

No contesta. AC se siente triste y decepcionada. Antes de salir de la habitación escucha:

- Y tú, ¿por qué fuiste en mi busca?

AC considera que es mejor omitir el dato de que la pluma cuesta una pasta.

- Porque me gustas mucho.

Silencio.

La gran evasión I

- Parker, ¿tú eres hombre o mujer?
- Yo soy lo que tú quieres que sea.

Amadecasa y Parker están tirados en unas tumbonas frente a la piscina con vistas al mar, bebiendo martinis, ataviados con gafas de sol y sombreros de paja.

- Quiero que seas hombre, y negro, como Charlie Parker.
- Tú me puedes poner el cartucho del color que prefieras, nena.

A.C. es despertada por los sollozos de Electroalex en lo más dulce del sueño. Al niño se le ha caído su almohada-osito al suelo. A.C. se la coloca en su sitio y, después de arroparle y darle un beso, se vuelve a la cama. Es demasiado temprano pero ella ya no consigue regresar a su sueño, nunca se puede. "Tengo que hacer las paces con Parker."

Les traen siempre la compra semanal a casa. Mientras esperan a que llame el repartidor del Chiper Usera, A.C. saca la pluma e intenta escribir algo. No se le da bien pedir disculpas, se queda pensando un ratito y por fin empieza a rallar el papel con la afilada punta. La pluma no escribe, se habrá secado la tinta, ¿cómo se limpiará esto?, piensa ella. Entonces suena el teléfono y A.C. se levanta a cogerlo. Número desconocido, ni se molesta en descolgar el auricular. Vuelve a la mesita que le sirve de escritorio y allí está Electroalex garabateando con Parker. En el papel ve escrito "Mamá patética". A.C. agarra la pluma y le grita furiosa.

- Te prohíbo terminantemente que te comuniques con él. Ni se te ocurra contestarme ahora delante del niño. - E.A. mira asustado con cara de ponerse a llorar.- No pasa nada, tesoro. Tú no juegues con la pluma de mamá.

A.C. está más enfadada que nunca. Tenía que dejar las cosas claras, así que se puso a escribir en la libreta para que el niño no se enterara de la conversación.

"De ningún modo voy a permitir que interfieras en la vida de mi hijo. A mí puedes decirme las payasadas que quieras pero no le metas a él en esto."

"Yo no he sido, lo ha escrito él sólo. Por si no lo sabías se ha aprendido las letras jugando con esa cosa Mi Primer Ordenador."


"¡Me tomas por idiota! El niño no sabe escribir. Has sido tú."

En ese momento llaman a la puerta. A.C. va a abrir sin soltar a Parker esta vez. Es el repartidor del Chiper, un tipo enjuto de carnes, que arrastra pies y manos con desgana por su cocina. A.C. le firma el albarán y cierra la puerta. Antes de guardar la compra quiere dejar zanjando este asunto con Parker. Va hacia la mesita donde está la libreta y observa unos borrones de tinta como lágrimas azules a pie de página. Pero Parker no está.

Las cosas materiales, las cosas prácticas y otras muchas cosas más

"¿En qué piensas? Pareces más distraída de lo habitual." Le dice Pepe a su mujer mientras cenan.

Amadecasa es desapegada por naturaleza, en el sentido de que no tiene mucho apego por las cosas materiales y por extensión, las cosas prácticas. Ella prefiere poner su mente al servicio de altos pensamientos completamente inútiles para su vida diaria. En muchos sentidos eso la convierte en una personita encantadora, soñadora y con mundo interior, pero sabe que es un continuo fastidio para sí misma y los suyos, que siempre están dando la vuelta a por eso que se dejó en casa, fruto de su imperdonable falta de concentración.

Amadecasa parece un monstruo con esa cara. El último despiste fue... 'Un momento, yo no he escrito eso de que A.C. parece un monstruo. Ni siquiera lo he pensado.' Pues es cierto, mírate al espejo. Se mira y efectivamente está horrible. Tiene la mitad derecha de la cara hinchada. 'Ha vuelto a pasar, ese mírate al espejo no es mío'. A.C. piensa por un instante que quizá esté volviéndose esquizofrénica pero en seguida desecha la idea.

- ¿Eres tú, Parker? Como las reglas no te permiten hablarme, has decidido escribirme, ¿no?

Silencio.

A.C. estaba contando que el último despiste lo tuvo ayer mismo. Fue al dentista a sacarse una muela del juicio y olvidó coger la radiografía de su boca. Al final alguien tuvo que llevársela. ¡Qué mujer tan torpe!

- ¿Otra vez insultándome? ¿Cómo lo haces Parker?

Las plumas de mi familia hemos escrito grandes obras de la literatura universal, una deferencia que hemos tenido hacia los humanos.

- Pero tú no puedes escribir sola. Alguien tiene que sostenerte en vertical.

La que escribo soy yo, tú sólo me sujetas sobre el papel.

- Eso no vale, es como decir que puedes follar siempre y cuando alguien te maneje el pizarrín.

Por favor, no seas vulgar.

- Por favor, no seas faltona, creída, borde y fabulera.

Y A.C. le pone el capuchón a la Parker.

"Estoy pensando en el blog", contesta Amadecasa a Pepe mientras cenan.

La Parker

Amadecasa acaba de desayunar tostadas con aceite, zumo y café con leche. Es su comida favorita del día, le gusta escuchar la radio y se pone el café supercaliente para que ese momento dure un poco más. Electroalex todavía duerme. Amadecasa sale de la cocina y se pregunta qué hacer silenciosamente para no despertar al nene. Hay que coser un botón, recuerda, y en dos pasos entra en la salita de estar donde guarda la caja de galletas redonda y de hojalata que ahora sirve para la costura. Entonces oye un ruido extraño, un gruñido ensordecido como de alguien amordazado intentando hablar. Al lado de la cajita está el flamante estuche negro de la Parker. La tapa tiembla un poco. Amadecasa se arma de valor y la abre despacio.

"¡Por fin! ¿Es que no me oías? ¿Por qué me dejas ahí encerrada?" dice la Parker. A.C. no responde, atónita. Esa cosa inanimada sigue hablando. "¡Pero quién eres tú! Tú no tienes ni idea de cómo tratarme! Apuesto a que no has tenido una pluma en tu vida. Pero mírate, ¿por qué vas con chandal? ¿Es que piensas hacer flexiones aquí mismo con el dedal puesto?"

A.C., indignada, cierra la tapa. Está muy extrañada de que la Parker sea capaz de hablar y se muere de curiosidad, no obstante, no va a permitir que le hable con insolencia.

Con la tapa cerrada, A.C. oye un susurro mucho más calmado. Vuelve a abrir el estuche. "Por favor no me dejes encerrada. Ponme con los otros bolígrafos, que nosotros por las noches tenemos nuestras historias. Mira, estoy infringiendo las normas, no se puede uno dirigir a su dueño, pero es que nunca había tenido uno tan desconsiderado". A.C. acerca la mano amenazante para cerrar la tapa de nuevo. "¡No, no, no, no! Espera un momento." A.C. finalmente se decide a hablar:

- Mira, a ti no te iba a gustar nada el sitio donde pongo los bolis. Es una lata de cerveza recortada, y los habitantes de ella, simples BIC.
- También hay un abrecartas muy elegante, lo vi un día.
- ¿Le has echado el ojo al abrecartas? Pero vosotros, exactamente, ¿qué hacéis por las noches?
- No puedo seguir hablando, las reglas son las reglas.
- Pues ahí te quedas, bonita.

A.C. cierra el estuche y se pone a coser. La Parker tiene una rabieta impresionante. Se le oye patalear dentro de su caja. A.C. abre un poquito el estuche:

- Oye, no hagas eso, que te vas a romper.
- ¡Zorra! Eres la peor dueña que he tenido, no tienes mundo, ni educación, ni nada."
- ¡Pero qué estás diciendo, chalada! ¡Si tú eres nueva! ¡Qué mundo vas a tener tú, si vienes derechita de la fábrica al Corte Inglés, y de allí a mi casa!
- Eso es lo que te han contado a ti, que eres una ingenua. Soy decomisada y antes he tenido dueños de mucho postín.

A.C. está indignadísima. Cierra la tapa de golpe y se va. La Parker es una mentirosa y una deslenguada. Electroalex se ha despertado.

Cinco huevos crudos II

Pepe: ¿Cuándo te diste cuenta de que era una alucinación?

Amadecasa: Bueno, Johnny empezó a aporrear la plancha contra el suelo diciendo que a veces esos cacharros se arreglan con un golpecito. Es lo último que recuerdo, creo que me desmayé del susto. Yo no pensé en ningún momento que estaba alucinando. ¡Parecía todo tan real!

Pepe: Pero obviamente era una alucinación. Te habías tomado todos esos huevos, estarías indigesta o lo que sea y tuviste esa horrible pesadilla.

Amadecasa: (¿Horrible pesadilla? Si yo me lo estaba pasando divinamente. Lo único, que creí que se iba a cargar la plancha...) Claro, claro, cariño.

Pepe: Debiste desmayarte mucho antes. Mira, es totalmente imposible planchar con los ojos cerrados. Todavía una toalla o una sábana, quizá. Una camisa mía, ni hablar.

Amadecasa: (Sí que es raro. Cuando se me cayó la plancha aún quedaba un montoncito de ropa. Y ahora está todo planchado y doblado de una forma distinta a como yo lo hago.) Llevas razón, sí.

Pepe: Me apuesto lo que quieras a que la plancha funciona. ¿Lo ves? Nunca se te ha caído, lo has soñado todo.

Amadecasa:
¡Qué listo eres! Ya estoy mucho más tranquila. ¡Muak! (Ha tenido que ser Lomax. Nos trajo a casa al niño y a mí de alguna manera. Arregló la plancha con sus superpoderes y planchó la ropa que quedaba para probar si funcionaba bien.)

Pepe: Cambiando de tema, a ver si tenéis más cuidado, que habéis hecho otra marca en el suelo.

Amadecasa: Es verdad, al niño se le cae todo, a veces se queda la señal en el parquet. (Pero, ¿cómo nos habrá traído a casa conmigo inconsciente? Los vecinos se habrían asustado, digo yo. Electroalex es el único que puede saberlo.)

Electroalex viene y me enseña un dibujo que ha hecho. Tres personas volando y una plancha, veo yo. Pero podrían ser tres aviones y un pajarito, ¡quién sabe!


PD: Planchar con los ojos cerrados puede perjudicar seriamente la salud. En este cuento esas escenas fueron realizadas por un doble especialista.

Cinco huevos crudos I

Yo estaba planchando las camisas de rayas de Pepe, Electroalex montaba a caballito sobre las patas de la tabla, que hacen una equis, y no pasaba gran cosa. Salía un increíble chorro de vapor de mi plancha último modelo y cada vez que saltaba, el flequillo del niño se rizaba un poco más. Escuchábamos Dancing the Drums de uno de esos cedés que tengo de Boliwood pero no pasaba nada.

Se había corrido la voz de que tomando cinco huevos crudos en ayunas, el poder psicotrópico de las yemas te hacía alucinar con Humpfrey Bogart, pero yo de momento no veía nada fuera de los botones y rayas de las camisas. Un camelo, pensaba yo. Si por lo menos Pepe se comprara ropa nueva de vez en cuando... Ya me sé todos sus cuadros y rayas de memoria, me conozco estos pliegues como la palma de la mano. Seguro que podría planchar con los ojos cerrados, hasta tendría más emoción (es decir, alguna emoción).

Así que decidí hacerlo y planché una camisa entera sin que quedara una arruguita. Perfecta. Ni siquiera había mirado un poquito por el rabillo del ojo. Me animé y empecé otra, con los ojos cerrados, pero empezó a sonar la versión disco de Dancing the Drums, se me aceleró el pulso y solté la plancha, que se deslizó suavemente hasta el final de la tabla y luego cayó en picado. Se quedó clavada en el parquet, de punta. ¡Qué disgusto! "Jo, Electroalex, cuando se entere tu padre."

Nos fuimos a llevarla al técnico, y al doblar la esquina de casa se nos apareció un hombre vestido con un chaleco rojo muy raro del que colgaba una anilla, ¿para qué serviría? Además tenía unas iniciales grabadas: J. L.

- Su cara me suena. ¿Es usted José Luis?- Le pregunté.
- ¿Qué José Luis?
- José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente.
-¡Pero qué dice, señora!- El tipo se indignó.
- Perdón, ¿Josep Lluis?
- ¿Pero no es lo mismo?
- Sí, pero como he visto que se ha enfadado...
- No me llamo José Luis. ¡Ay Dios! ¡Cuánta ignorancia! Soy Johnny Lomax.
- De eso nada. Johnny tiene mucho sex appeal, que lo he leído. Tú no eres Lomax.
- Es porque voy de incógnito.

Y entonces tira de la anilla y se despliega una larga capa roja hasta el suelo. Ahora sí que me parece el verdadero superhéroe, así que le cuento mi desventura con la plancha y él se ofrece a ayudarme.

(To be continued.)