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Terra
La Coctelera

Categoría: ficción verosímil

Algo sobre Patrulla

(Dedicado a mi amigo Álvaro con mucho cariño)

Pepe y Patrulla Antivicio esperan juntos en la ventanilla del Fnac de Callao para comprar entradas de otro concierto de Edu Manazas & Whiskey Tren. Hay mucha cola, por lo visto el sistema informático falla y la gente se va poniendo nerviosa.

Por fin piden sus entradas a la taquillera, que hace la gestión en el ordenador, pero el pedido tarda en salir. Mientras tanto Pepe y Patrulla se fijan en los letreros que anuncian próximos conciertos.

- A que no adivinas qué grupos le gustan a Amadecasa entre todos esos que salen ahí.- pregunta Pepe.
- Difícil cuestión, he visto a AC emocionarse con Rafaela Carrà. - Patrulla va leyendo los nombres en voz alta, la taquillera sigue tecleando taciturna. - No sé, mmmmm, La Casa Azul, seguro que le gusta, puede que Lorena C, Los Niños Mutantes, tengo mis dudas.

Entonces Patrulla siente la presión de un dedo índice clavándose varias veces en su espalda. Se da la vuelta y no ve a nadie pero sí escucha una voz de chica ronca y grave

- ¡Oye, tú! Si tienes tus dudas y no sabes lo que vas a pedir, apártate que yo sí lo tengo decidido.

La chica le llega casi por la cintura a Patrulla, que mide 1'95, pero habla muy decidida. Lleva gorra y va con una amiga que tiene el pelo cortito. Ambas van con chándal y deportivas y aparentan unos 16 años.

- Perdona, ¿cómo dices? Leo los cartelitos porque al menos a mí me enseñaron a leer en la EGB, y algo de educación también, por cierto, pipiola. - contesta Patrulla simulando frialdad.
- ¿La EGB? ¿Qué coño es eso? Mire, una pipiola como yo no tiene tiempo que perder con un tío mazo mayor como usted.
- Tú de lo que tienes pinta es de poligonera periférica. Y eso antes de que abrieras la boca.

Patrulla era pipiolo hasta hace bien poco, sin embargo, sabe que aparenta más edad de la que tiene por la tripa y la calvicie prematura. En realidad sólo hizo 1º de EGB antes de que su colegio se pasara a la Primaria. Pepe y la chica del pelo corto asisten estupefactos a la discusión cada vez más subida de tono. Los dos se apartan un poco. Ella comenta: "Este es nuestro momento avestruz" y se ríen y empiezan a hablar. Resulta que ellas también van al concierto de Edu Manazas.

Entonces la taquillera les da las entradas.

- ¡Menos mal que ya no tengo que volver a verle en la vida! - le dice la chica de la gorra a Patrulla.
- ¡Lo mismo digo! - contesta Patrulla.
- Bueno, pues hasta mañana, Ana - se despide Pepe.
- Ciao, nos vemos - contesta Ana, la chica del pelo corto.

Distorsiones

Estoy atravesando un túnel del metro pero más parece la nave de unos extraterrestres psicodélicos. Veo las siluetas de la gente, salpicadas de destellos luminosos blanquiazules, y borrones donde debería haber caras. Fuera me siento como un vampiro fotofóbico, aquí dentro estoy un poco ridícula con las gafas de sol puestas.

Vuelvo a casa después de haberme hecho un estudio oftalmológico durante el cual me han dilatado las pupilas echándome varias gotitas en cada ojo.

"¡Oye!" Alguien me llama a mis espaldas. Me giro y veo una cara abocetada y abajo unos zapatos rojos perfectamente definidos. Me acuerdo de esos tacones, son de aquella desagradable mujer que estaba también en la sala de espera de la clínica. "¿Por dónde se va a Pitis?" Yo me estoy preguntando cosas como que qué sentido tiene ser borde siendo pija, teniendo la suerte de su lado, sonriéndole la vida. Me doy cuenta de que mi interlocutor no se fijó en mí en la sala de espera y que además no tiene mucha costumbre de viajar en metro.

Convencer es un arte que estoy lejos de dominar pero como suele decirse la práctica hace la perfección. Recuerdo que no es necesario tener la más mínima noción de lo que se habla para resultar convincente. Hay que apelar a la seguridad en uno mismo y sobre todo a la inseguridad de los demás. Me quito las gafas despacio y hago como que puedo leer el panel informativo de las estaciones colgado frente a nosotras. "Es por ese pasillo", le digo muy seria. Hay que añadir algún detalle accesorio para aumentar la verosimilitud "son exactamente diez paradas".

Cuando llego a casa me encuentro a Electroalex muy contento; sabía que haría buenas migas con su cuidador. Por lo visto Johnny está jugando a hacerse el muerto, tumbado en el suelo, y el nene está subido encima a caballito. Como hay demasiada luz para mis sufridos ojos, bajo rápidamente las persianas de casa y busco a Johnny para darle las gracias pero ya se ha marchado. Debía tener mucha prisa. Me cae muy bien este vecinito, estoy pensando en proponerle que sea mi niñera oficial. Dicen por ahí que es un friki y que mirarle a la cara da miedo. Pero a mí me parece muy legal y le encuentro cierto parecido con Bruce Willis.

De todas formas hoy tengo la vista y la razón distorsionadas.

(Dedicado a Pepe, que siempre tiene la solución.)

Vecinos III, el desenlace

Lucía, auxiliar veterinaria, vive en el 3º B, justo encima del piso donde se celebró la fiesta. Pasó una noche de perros. Aún después de las 4, cuando cesaron los ruidos de golpe, fue incapaz de conciliar el sueño. Estaba indignada porque ningún vecino del 2º hizo nada para que quitaran la música, como ella creía que harían. Así que ideó su propio plan. Cogió un frasco de un líquido para la arena de los gatos en la clínica y lo vació entero en el felpudo del 2º B. Su idea era que el perrito que vivía en el 3º, que siempre subía y bajaba por las escaleras del edificio, sintiera el impulso irrefrenable de mearse allí, aunque no estaba segura de si este líquido también servía para perros. Después de unos días subió al 2º a husmear. Olía fatal. Ya con eso se dio por satisfecha.

Fernando y Luisa, del 1º A, tampoco pegaron ojo aquella noche. "¿Por qué coño no llama nadie a la policía?" Al día siguiente Fernando, furioso, arrancó los nombres del buzón de los que habían armado el jaleo con intención de dar parte al administrador. "¡Qué cartel tan cutre han puesto! ¡Dios santo! A los tontos se les distingue por los pequeños detalles." Pero era sábado y el lunes ya se le había pasado el enfado, así que la cosa se quedó así. Por suerte la habitación de su hija Laura estaba más apartada y la niña había podido dormir. Por las noches cuando le mandan bajar la basura, a la niña le gusta llevarle algo de comer a un gatito que vive en la calle. Últimamente hace mucho frío y la niña deja que el gatito se cuele en el portal por pena.

Javi tiene 14 años y es un hacha con el ordenador. Vive en el 3º C pero no tienen internet en casa. Por suerte los vecinos de abajo, del 2º A, unos viejecitos muy simpáticos, le dejan usar su ordenador siempre que quiera a cambio de un poco de compañía. Javi estaba muy mosqueado con sus padres porque le habían quitado importancia al asunto de los ruidos aquella noche. "No es para tanto. Intenta dormirte." Pero, claro, en la habitación de ellos se oía mucho menos y él tenía un sueño ligero. Estando en casa de los viejitos, descubrió que los cabrones de al lado que le tuvieron la noche en vela tenían un modem WIFI. Le costó todo el fin de semana, pero consiguió la contraseña con un programa descodificador que le prestaron. La contraseña era COMEmela. Entonces se bajó a saco no sé cuántas películas hasta que la cosa se paró de pronto.

Última sospechosa: Ana, 1º B, peluquera. No durmió casi nada el día de la fiesta. A las 12:30 subió a pedirles con buenos modales que quitaran la música. Se rieron de ella y le cerraron la puerta en sus narices. A la 1:45 bajó al telefonillo y les gritó que quitaran la música con muy malos modales. Y la quitaron. Durante 5 minutos, para dar comienzo a la sesión de karaoke. "¿Cómo es posible que sea yo la única que se queja? ¿Es que a los demás vecinos no les molesta?" El domingo subió a la azotea a tender unas sábanas y mira tú por dónde le faltaron dos pinzas que cogió prestadas de un vestidito que había por ahí. El viento hizo el resto.

Adiós Parker, espero que nos hagamos amigas y que tus cartuchos no se acaben nunca.

Vecinos II

No creo que me hayan regalado esta superpluma para escribir la lista de la compra. Ahora tengo una misión especial: dotar a la Parker de una razón de ser, darle sentido a su existencia.

Los del 2º B, el paleto y la polaca, no conocen a nadie en el bloque ya que entran y salen siempre por el garaje y tienen horarios de trabajo intempestivos. Saben que en el 2º A viven unos jubilados, se lo dijo la casera, y en el 2º C hay un bebé, le oyen llorar a veces, pero nada más. Bueno, también saben que alguien tiene un perro en algún piso por encima de ellos. Las paredes parecen de papel en estos pisitos. Creen que los vecinos se han coaligado contra ellos por lo de la fiesta de cumpleaños, aunque están equivocados. No hay tal conspiración.

Hace dos semanas, un viernes, fue el cumpleaños de María. Su novio le organizó una fiesta sorpresa. Sólo ellos saben cuánto bebieron y qué drogas probaron, yo no soy un narrador omnisciente como Dios manda, el caso es que le dieron vidilla al bloque con un repertorio hortera pero variadísimo de temas musicales, seguido de un karaoke, desde las 9 hasta las 4 de la madrugada. Amadecasa vive tres pisos por encima y también pudo oír el jaleo, imagínense.

Eva, del 2º C, la vecina que acaba de tener un bebé, se llevó la peor parte. Estaba sola con el niño aquella noche pues a su marido le había tocado guardia en el hospital. Le daba un pelín de reparo salir a quejarse, así que a las 12 en puntollamó a la policía. Desgraciadamente,estaban muy ocupados aquel día y no llegaron hasta las 4. Nadie los vio entrar. Amenazaron a María y Juan Carlos, entre otras cosas, con avisar a la dueña del piso si volvían a recibir quejas. Se acabó la fiesta de repente.

Los jubilados del 2º A están sordos como una tapia y no se enteraron de nada. Pero, ¿y los otros vecinos? Si Amadecasa fuera detective habría hecho el siguiente esquema de lo que pasó aquella noche:

3º A

3º B

3º C

- Marcos, tiene un pub.

Llega a casa a las 4:35.

- Toby, su perro, no puede dormir.

- Lucía, auxiliar veterinaria.

No puede dormir.

- Javi, estudiante de E.S.O.

No puede dormir.

2º A

2º B

2º C

- Los jubilados.

zzz zzzz zzz

- María y Juan Carlos

FIESTA CUMPLEAÑOS

- Eva y el bebé.

Llaman a la policía.

1º A

1º B

1º C

- Fernando y Luisa.

No pueden dormir.

- Laura, 6 años, duerme normalmente.

- Ana, peluquera.

No puede dormir.

- Rosa.

Toma sus ansiolíticos y duerme profundamente.

Vecinos I

A Amadecasa le han regalado esta pluma de oro de 18 quilates, que desde luego no se merece, (ella piensa que es de obispo o de alcaldesa), que le dice “cógeme, cógeme” y cuando por fin se decide a hacerlo hace que se le olvide lo que iba a escribir hipnotizándola con su afilada punta y distrayéndola. Es una Parker, la muy cabrona.

María y Juan Carlos por fin se han ido a vivir juntos a un apartamento de alquiler. Ella es polaca, bajita, rubia con el pelo largo, bastante mona, hace poco cumplió 26 años; él, de Cuenca, moreno, musculoso, guapo y un poco paleto. Llevan cuatro meses en el 2º B y hasta hace poco estaban muy contentos. Sin embargo hace dos semanas empezaron a ocurrirles cosas extrañas.

Primero fueron los meados. Cada vez olía más fuerte, hasta que se dieron cuenta de que el olor provenía del felpudo. Lo lavaron y no sirvió de nada. A los pocos días olía igual de mal. Decidieron tirar el felpudo. No se atreven a poner uno nuevo por si les vuelve a pasar lo mismo.

Luego quitaron sus nombres del buzón. No podían tapar el nombre del propietario, escrito con elegantes letras doradas sobre cartulina negra, como todos los demás cartelitos. Así que pusieron sus nombres en un papel blanco, a boli repasado con fluorescente amarillo y lo pegaron con celo al lado del otro. Pero un día el cartel desapareció. Como estaban ya algo paranoicos por el asunto del felpudo no quisieron reponerlo. Les pareció mejor que los vecinos no supieran sus nombres. Como resultado, se les extraviaron algunas cartas, hasta que meses más tarde el cartero se aprendió la anomalía.

Por si fuera poco, internet de repente se bloqueaba o iba lentísimo, y eso que acababan de contratar ADSL 3 Mb. Tras muchas peleas con Telefónica (estos insistían en que la línea estaba bien) y entre ellos mismos (María creía que Juan Carlos se metía en páginas guarras y habían pillado un virus mientras que él sospechaba de ella) decidieron darse de baja. Adiós a internet.

Lo último fue lo de la ropa tendida. Todos los vecinos de la letra B, como ellos, tienen llave de la azotea para tender allí la ropa. Lo hacen así porque los de la letra B no tienen terraza como el resto. María sube a tender casi siempre los domingos por la mañana y recoge la ropa cuando se acuerda, generalmente, cuando la necesita urgentemente. La última vez que lo hizo se llevó una sorpresa desagradable. Encontró su vestido nuevo, sucio y arrugado, colgando de la barandilla, a punto de caerse. Pudo haber sido el viento, quizá olvidó ponerle las pinzas. No estaba segura pero estaban pasando tantas cosas raras que no quiso subir allí nunca más. Se compraron una secadora y la tuvieron que poner en el salón a falta de espacio.

Por supuesto que sospechan de los vecinos, creen que existe una conspiración contra ellos y querrían quejarse a su casera pero no lo hacen porque no quieren contarle lo del día en que fue la policía a su casa.

Qué raro es escribir con esta cosa tan cara. La estilográfica. Es de color burdeos. En el capuchón pone PARKER por un lado y FRANCE Y. por el otro.