Hace algún tiempo me decidí a hacerme la depilación definitiva. Fotodepilación mediante láser Alejandrita. Por exigencias del presupuesto limité las zonas a tratar a ingles y axilas. Para los no iniciados explicaré que hay que acudir a las sesiones cada 2 ó 3 meses y, después de un tiempo, el pelo deja de salir para siempre o al menos durante varios años. (Esto varía según la persona, como casi todas las cosas). Yo estoy muy satisfecha, aunque la última vez que fui me estresé un pelín.
Tenía cita a las 18 h. Tardo una hora en llegar a la clínica desde mi casa, por lo que debo aplicarme la crema justo antes de salir, pues este es el tiempo que la anestesia tarda en hacer efecto. Son las 16:45, voy al armario de las medicinas y ¡mierda! sólo quedan 3 gr. en el tubo. Olvidé reponerla.
Hay una farmacia enfrente de casa pero está cerrada a esas horas, así que suplico a mi marido que por suerte está por allí para que me acerque en coche en busca de una farmacia de guardia. No pienso dejar que me electrocuten sin anestesia. Montamos al niño semidesnudo en el coche, salimos del garaje a toda prisa y justo frente a nosotros vemos la farmacia ¡abierta! Han cambiado el horario, resulta que ahora no cierran al mediodía. Me pongo muy contenta, entro y la farmacéutica me pide la receta médica, que yo con las prisas no he cogido.
[...]
Superados los escollos, Electroalex alucinado por el extraño viaje alrededor del garaje, me pongo la crema, siguiendo las instrucciones. Después de aplicarla hay que tapar la piel con film transparente pero ¡cago en...! terminé el rollo el día anterior. No tengo ni un centímetro. Ahora sí que estoy desesperada y el reloj corriendo. Encuentro unos plásticos para hacer hielos y ya está. Me envuelvo con ellos.
Eficaz sí que fue pero desde luego no se lo recomiendo a las tímidas. Parecía Robocop subiendo a metros y autobuses, andando por la calle, crujiendo por todas partes. El sonido que hacía al moverme era algo así como ir pisando montones de hojas secas.