Yo estaba planchando las camisas de rayas de Pepe, Electroalex montaba a caballito sobre las patas de la tabla, que hacen una equis, y no pasaba gran cosa. Salía un increíble chorro de vapor de mi plancha último modelo y cada vez que saltaba, el flequillo del niño se rizaba un poco más. Escuchábamos Dancing the Drums de uno de esos cedés que tengo de Boliwood pero no pasaba nada.

Se había corrido la voz de que tomando cinco huevos crudos en ayunas, el poder psicotrópico de las yemas te hacía alucinar con Humpfrey Bogart, pero yo de momento no veía nada fuera de los botones y rayas de las camisas. Un camelo, pensaba yo. Si por lo menos Pepe se comprara ropa nueva de vez en cuando... Ya me sé todos sus cuadros y rayas de memoria, me conozco estos pliegues como la palma de la mano. Seguro que podría planchar con los ojos cerrados, hasta tendría más emoción (es decir, alguna emoción).

Así que decidí hacerlo y planché una camisa entera sin que quedara una arruguita. Perfecta. Ni siquiera había mirado un poquito por el rabillo del ojo. Me animé y empecé otra, con los ojos cerrados, pero empezó a sonar la versión disco de Dancing the Drums, se me aceleró el pulso y solté la plancha, que se deslizó suavemente hasta el final de la tabla y luego cayó en picado. Se quedó clavada en el parquet, de punta. ¡Qué disgusto! "Jo, Electroalex, cuando se entere tu padre."

Nos fuimos a llevarla al técnico, y al doblar la esquina de casa se nos apareció un hombre vestido con un chaleco rojo muy raro del que colgaba una anilla, ¿para qué serviría? Además tenía unas iniciales grabadas: J. L.

- Su cara me suena. ¿Es usted José Luis?- Le pregunté.
- ¿Qué José Luis?
- José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente.
-¡Pero qué dice, señora!- El tipo se indignó.
- Perdón, ¿Josep Lluis?
- ¿Pero no es lo mismo?
- Sí, pero como he visto que se ha enfadado...
- No me llamo José Luis. ¡Ay Dios! ¡Cuánta ignorancia! Soy Johnny Lomax.
- De eso nada. Johnny tiene mucho sex appeal, que lo he leído. Tú no eres Lomax.
- Es porque voy de incógnito.

Y entonces tira de la anilla y se despliega una larga capa roja hasta el suelo. Ahora sí que me parece el verdadero superhéroe, así que le cuento mi desventura con la plancha y él se ofrece a ayudarme.

(To be continued.)