Mixce, mi lugar preferido está en Madrid. Yo soy muy madrileña, castiza, gata, de sangre impura venida de todas las partes de España, chulapa, maja*. De pequeña los balcones de mi casa daban a la Plaza Mayor y a un callejón donde hacen bocadillos de calamares. Plaza Mayor nº 1, 1º A, un piso muy grande de techos altos artesonados, largos pasillos crujientes y muros anchos.

En casi todos los recuerdos que guardo de aquella casa, estoy asomada al balcón con la cabeza entre los barrotes y fuera vienen los Reyes Magos, están enterrando a la Sardina o hay concurso de chotis.

La abuela de mi padre, Filomena Pilar, era una mujer adelantada a su tiempo. Escribió un best-seller de la época, Pilari, método de costura. Se hizo con un piso en la mejor esquina de la Plaza Mayor y puso allí una academia de corte y confección. A mi padre, con tres añitos, le encantaba visitar a su abuela con tantas modistillas que le hacían carantoñas. Con diez años le parecía más bien el Jardín de las Delicias.

Ahora es una agencia de viajes de riesgo y aventura. Cada vez que sufro un ataque de nostalgia, subo y simulo estar interesada en ir de safari a Kenia o hacer parapuente en Australia. Veo la casa y está todo todito diferente, excepto los balcones.

No nomino a nadie, aunque me gustaría que Pivactiva hablara de Irlanda, pues un día colgó unas bonitas fotos y nunca más se supo.


*Majo, A n. (origen incierto). A fines del s. XVIII y principios del XIX, individuo de ciertos barrios bajos de Madrid, que se distinguía por su traje vistoso y su actitud y manera de hablar arrogantes y desenfadadas.