Vecinos I
A Amadecasa le han regalado esta pluma de oro de 18 quilates, que desde luego no se merece, (ella piensa que es de obispo o de alcaldesa), que le dice “cógeme, cógeme” y cuando por fin se decide a hacerlo hace que se le olvide lo que iba a escribir hipnotizándola con su afilada punta y distrayéndola. Es una Parker, la muy cabrona.
María y Juan Carlos por fin se han ido a vivir juntos a un apartamento de alquiler. Ella es polaca, bajita, rubia con el pelo largo, bastante mona, hace poco cumplió 26 años; él, de Cuenca, moreno, musculoso, guapo y un poco paleto. Llevan cuatro meses en el 2º B y hasta hace poco estaban muy contentos. Sin embargo hace dos semanas empezaron a ocurrirles cosas extrañas.
Primero fueron los meados. Cada vez olía más fuerte, hasta que se dieron cuenta de que el olor provenía del felpudo. Lo lavaron y no sirvió de nada. A los pocos días olía igual de mal. Decidieron tirar el felpudo. No se atreven a poner uno nuevo por si les vuelve a pasar lo mismo.
Luego quitaron sus nombres del buzón. No podían tapar el nombre del propietario, escrito con elegantes letras doradas sobre cartulina negra, como todos los demás cartelitos. Así que pusieron sus nombres en un papel blanco, a boli repasado con fluorescente amarillo y lo pegaron con celo al lado del otro. Pero un día el cartel desapareció. Como estaban ya algo paranoicos por el asunto del felpudo no quisieron reponerlo. Les pareció mejor que los vecinos no supieran sus nombres. Como resultado, se les extraviaron algunas cartas, hasta que meses más tarde el cartero se aprendió la anomalía.
Por si fuera poco, internet de repente se bloqueaba o iba lentísimo, y eso que acababan de contratar ADSL 3 Mb. Tras muchas peleas con Telefónica (estos insistían en que la línea estaba bien) y entre ellos mismos (María creía que Juan Carlos se metía en páginas guarras y habían pillado un virus mientras que él sospechaba de ella) decidieron darse de baja. Adiós a internet.
Lo último fue lo de la ropa tendida. Todos los vecinos de la letra B, como ellos, tienen llave de la azotea para tender allí la ropa. Lo hacen así porque los de la letra B no tienen terraza como el resto. María sube a tender casi siempre los domingos por la mañana y recoge la ropa cuando se acuerda, generalmente, cuando la necesita urgentemente. La última vez que lo hizo se llevó una sorpresa desagradable. Encontró su vestido nuevo, sucio y arrugado, colgando de la barandilla, a punto de caerse. Pudo haber sido el viento, quizá olvidó ponerle las pinzas. No estaba segura pero estaban pasando tantas cosas raras que no quiso subir allí nunca más. Se compraron una secadora y la tuvieron que poner en el salón a falta de espacio.
Por supuesto que sospechan de los vecinos, creen que existe una conspiración contra ellos y querrían quejarse a su casera pero no lo hacen porque no quieren contarle lo del día en que fue la policía a su casa.
Qué raro es escribir con esta cosa tan cara. La estilográfica. Es de color burdeos. En el capuchón pone PARKER por un lado y FRANCE Y. por el otro.



mixcelaneas dijo
Uff, lo de Internet se parece a nuestra historia desde el 1 de enero :(
La verdad es que vivir en departamento es muy cómodo porque se limpia menos... pero te mata la convivencia con los vecinos. Suele pasar todo este tipo de cosas "raras" y no mejora mucho con las construcciones del tipo "dúplex" (donde vivimos nosotros).
Me imagino esa vida... sin internet y "sufriendo" con los vecinos que les han tocado en suerte.... ayyyy!!!
Besosss.
24 Enero 2008 | 05:21 AM